El Jardinero Fiel

15 de septiembre de 2016


“Los ingleses aman sus jardines, los libros de jardinería, los programas de jardinería en la televisión. En el jardín inglés todo está controlado pero no se quiere dejar notar.”
El jardín paisajístico, el jardín inglés. Edgar Neville.

The Constant Gardener (El Jardinero Fiel, 2005), es una adaptación cinematográfica de la novela homónima escrita por John le Carré, publicada en 2001.

David Cornwell, verdadero nombre del escritor, nació en Poole, Inglaterra, en 1931. Novelista y ex miembro del servicio secreto británico, trabajó en el MI6, o Servicio de Inteligencia Secreto (SIS), encargado de las actividades de espionaje británico en las antiguas colonias repartidas por el mundo. La misma agencia para la que trabaja el inefable personaje creado por Ian Fleming, James Bond, entre otros productos de Hollywood.

La película está dedicada a Yvette Pierpaoli, activista por los derechos de los refugiados y miembro de Refugees International, que murió en 1999 en un accidente de tráfico en Albania, del que se dice pudo ser un atentado. Fue la propia Yvette quien animó a Cornwell a escribir sobre la situación en África, y quien le inspiró el personaje de Tessa.

Simon Channing Williams, productor inglés que fundó con Mike Leigh Thin Man Films en 1988, se interesó por la novela y negoció con Le Carré un posible rodaje. Jeffrey Caine, guionista de GoldenEye e Inside I´m Dancing, sería el responsable de la adaptación, y el realizador brasileño Fernando Meirelles se encargaría del rodaje.

Meirelles comenzó su trabajo como realizador en los noventa, década que supone el afianzamiento de la posmodernidad. En un contexto político conservador generalizado, con Ronald Reagan y Margaret Tatcher implantando, tanto en sus propios países como en otros de su influencia, las teorías neoliberales de Milton Friedman y la Escuela de Chicago, las características generales del cine de la posmodernidad son la ruptura de la estructura clásica, con la utilización de flash-backs, la mezcla de géneros, la deconstrucción de los esquemas narrativos y el predominio de la imagen sobre el contenido. El trabajo de Meirelles tiene influencias del Cinema Novo, que se desarrolló en Brasil y al que pertenecen autores de los años 50 y 60. Posee algo del compromiso propio de este movimiento, que recogía expresiones populares “próximas al sentir de las etnias y los grupos sociales más pobres.”

El tema del film, los procedimientos de la Gran Farmacia y África como su enorme banco de pruebas, podría ser un ejemplo más de denuncia del sistema corporativo y mercantil en el mundo moderno, sin embargo hay varios aspectos que van más allá y en los cuales vale la pena detenerse. Cuando miramos hacia el lado donde el mal se construye nos quedamos con su imagen domesticada, el aspecto sólo visible. ¿Quiénes están detrás de las empresas farmacéuticas? Esta pregunta encuentra una respuesta lógica, asumible incluso, en el desarrollo de la historia. Pero existen otras cuestiones de fondo que pasan desapercibidas.

En la actualidad hay suficientes casos documentados, reportajes de prensa, investigaciones, campañas, incluso acciones judiciales contra grandes empresas, donde se denuncian hechos semejantes a los que el film presenta. El fármaco Dypraxa no existe pero Trovan sí, e hizo que el gobierno nigeriano denunciase a Pfizer por sus experimentos con personas en 1996.
Focus Features, creada en 1999, pertenece al grupo mediático NBC Universal, propiedad de General Electric (80%) y Vivendi (20%). Focus es la productora del llamado cine “independiente” de Universal Studios.

Su director lo fue de Paramount Pictures durante diez años, después presidió Fox Inc, y en la actualidad es el director de IAC/InterActiveCorp, empresa bajo la cual operan, entre otras, ask.com, Red de las compras caseras (HSN), match.com y Ticketmaster, dedicadas a la venta de productos a través de internet.

¿Qué interés puede tener Focus en películas como The Constant Gardener, donde se denuncian prácticas asesinas de multinacionales farmacéuticas?, ¿tal vez controlar la producción para evitar que sea realmente “independiente”? Si observamos los proyectos de esta productora podríamos cuestionar hasta qué punto lo son. Son historias que hablan de temas sensibles para la sociedad, como la homosexualidad (Harvey Milk y Brokeback Mountain), la lucha revolucionaria (Diarios de Motocicleta), el apartheid sudafricano (Catch a fire reproduciendo un título de Bob Marley) o medios de comunicación alternativos (Pirate Radio), que establecen una dialéctica de “buenos” y “malos” y un discurso en apariencia revolucionario pero que bien mirado no cuestiona otros aspectos esenciales de la realidad.

Lo mismo ocurre en el caso que nos ocupa, la historia puede servir a los fines del establishment, mostrando ciertos hechos como inevitables, sucesos que se justifican por el bien de la sociedad, el progreso, pero corrigiendo algunos “defectos” en la praxis, agentes que se saltan la legalidad, casos aislados de corrupción y cargos con responsabilidades que se exceden puntualmente en sus decisiones. Todo ello sin apuntar a la raíz del problema, el colonialismo dirigido a través de multinacionales y Organizaciones No Gubernamentales, dictadores controlados por los centros de poder y “señores de la guerra” que mantienen a los países africanos sumidos en la pobreza y en una guerra constante.

¿Es África un “jardín domesticado” a la medida de los intereses de las oligarquías occidentales?

La película narra la historia de una activista por los derechos humanos en su lucha para denunciar la corrupción de diferentes organismos oficiales y empresas privadas, que utilizan a la población de Kenia como cobaya para el ensayo de un medicamento. Se trata de una trama en apariencia compleja donde intervienen espías, servicios secretos, agencias de inteligencia, mercenarios y empresarios, donde nada es lo que parece, pero que responde a una estructura sencilla dentro de lo que podríamos denominar thriller político y romance. Mediante el suspense y la continua utilización de flash-backs, la película avanza manteniendo el interés del espectador, mezclando hábilmente la intriga con la historia de amor de los protagonistas.

A medida que va desarrollándose la trama no podemos evitar plantear una pregunta, ¿qué está haciendo toda esa gente en Kenia? En la respuesta a esta cuestión se encuentra a nuestro parecer el tema principal de El jardinero fiel, el Neocolonialismo.
La película no cuestionará en ningún momento la presencia del gobierno británico en el país africano, ni su implicación en la toma de decisiones que, en última instancia, debería ser responsabilidad de sus habitantes, ni la presencia de multinacionales europeas y otras organizaciones encargadas de administrar sus recursos. Dejando todo eso de lado se centrará en un asunto concreto de malversación de pruebas clínicas y asesinato. Se trata de corregir las formas pero no los contenidos, de criticar los efectos pero no las causas. Este sería el posicionamiento ideológico principal de la película, que está expresado en una metáfora repetida constantemente, la jardinería. El protagonista aparece en numerosas escenas dedicado al cuidado de plantas, a las que riega y cuida con esmero. De esta manera se enfatiza la relación entre el oprimido y el opresor, entre el controlado y el controlador.

Otro tema destacable y estrechamente relacionado con el anterior, sería el de la creciente medicalización de la vida en los países occidentales y su extensión al resto del planeta. Un serio problema que enfrentan las sociedades consideradas avanzadas, donde la dependencia a fármacos es creciente y los límites entre la administración de la salud y las empresas farmacéuticas no están muy claros. Este modelo, al igual que el Neocolonialismo, se nos presenta como algo normalizado, un punto de partida asumido y nunca puesto en cuestión.

La película comentada supone un claro ejemplo del discurso asumido por las producciones de Hollywood. Perteneciente al denominado cine independiente, algo contradictorio, si analizamos de cerca la propia industria que lo mantiene, está dirigida a un sector de la población cuyas posiciones son más críticas con la realidad que las del espectador medio. Pero una vez analizada detenidamente, observamos en ella temas y mensajes similares a los presentes en otras películas más comerciales.

Los recursos cinematográficos habituales en las superproducciones, abundancia de efectos especiales, persecuciones, muertes violentas, ausencia de crítica, entre otros, son eliminados o dosificados para llegar con mayor eficacia a un público diferente. La estrategia está bien elaborada. Estas películas hablan de temas sociales desde un punto de vista crítico, buscando la implicación del espectador, pero con una ideología de fondo evidente. En el caso de El Jardinero Fiel, rodada en los poblados de Kibera y Lokichokio, y en campos de refugiados del sur de Sudán, el resultado es doblemente eficaz. Al mostrar la pobreza y las desigualdades sociales, la identificación del público será mayor. En lo que aparenta ser una propuesta solidaria y humanitaria, cuya intención es denunciar una injusticia, se esconde una clara reafirmación del propio sistema opresor.

Para un público desprevenido, el final de la película podría ser esperanzador, a pesar de todo queda la sensación de que se ha hecho justicia, los hechos se hacen públicos y los culpables son señalados. Sin embargo en ningún momento se han cuestionado otros hechos mucho más graves por su alcance.

El Jardinero Fiel es una obra con un claro mensaje imperialista y neoliberal, además de un lavado de cara a las potencias colonialistas y a las empresas farmacéuticas, todo ello presentado como si fuese una obra alternativa, crítica y humanitaria.

EPSTEIN, Edward Jay. La gran Ilusión. Dinero y poder en Hollywood. Tusquets, 2007.
GOODMAN, Amy, John le Carré: Calling out the traitors. Artículo aparecido en la web www.truthdig.com, 12-10-2010.
GOMEZ, Lourdes, Entrevista a John le Carré. Diario El País, 24-07-2005.
HONRUBIA, Pedro Antonio. Manipulación de las emociones y medios de comunicación. Artículo aparecido en el diario digital www.rebelión.org , 13-01-2011.
KLEIN, Naomi. La doctrina del Shock. Paidós, 2007.
RAMONET, Ignacio. La tiranía de la comunicación. Debate, 1986.

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