Room (2015)

8 de abril de 2016


Pasada ya la fiebre de los Óscar de este año, hoy venimos a hablar de una de las cintas más recomendables de entre las nominadas a mejor película. Nos referimos, por supuesto, a Room, un largometraje que ha podido pasar desapercibido en medio del ruido generado por otras con más pretensiones como The Revenant (¡por fin premio para DiCaprio!) o Mad Max: Fury Road, pero que no por eso merece menos que hablemos de ella.

Room es una extraña joya dentro del panorama actual. Así, todos los años aparecen películas que parecen haber sido diseñadas para atraer nominaciones, ya sea por su espectacularidad, sus medios o el cast que lo protagoniza. Y otras, sin embargo -mucho más escasas-, atraen la atención sin hacer demasiado ruido, aferrándose únicamente (y no es poco) a su calidad.

De hecho, de no haber sido por su nominación a mejor película, estoy segura de que nunca la habría visto. Sin apenas promoción (en comparación, claro está, con otras películas de este año como las que hemos mencionado antes), ha sido capaz de encontrar su nombre entre las más destacadas y de otorgar un merecido reconocimiento a su actriz principal, la -recién- oscarizada Brie Larson. Y eso dice mucho de ella.

Ahora bien, ¿de qué trata Room? La respuesta, señores, me la guardaré para otro momento. Room es una de esas películas de las que es mejor no saber nada antes de empezar. Es mejor sumergirse en ella y dejarse llevar por el desconcierto, por la manera en la que la propia narración te engancha y te hace ser consciente, muy poco a poco, del drama de la historia.

Porque eso sí puedo decirlo: la película tiene una fuerte carga emocional, no por ello exenta de un mensaje esperanzador. Y a pesar de esto, no da la sensación de ser una película densa o difícil de ver. Más bien al contrario, la película transcurre en un suspiro: el que emites una vez acabada, cuando lo que has visto da paso a la reflexión. Sólo entonces te das cuenta de hasta qué punto te ha impactado.

Resulta muy difícil hablar de manera tan críptica, pero os prometo que es mejor que no revele nada más de ella. Si os animáis a verla, me lo agradeceréis. De modo que, resumiendo:

¿Lo mejor? Las interpretaciones de los actores principales, Brie Larson (merecedora clara de su Óscar) y el jovencísimo Jacob Tremblay (y os lo digo yo, que soy muy crítica con los pequeñajos del cine).

¿Lo peor? Su tráiler, sin duda. Dolorosamente spoileante. Si habéis llegado hasta aquí sin saber nada más de la película, os pido que no lo veáis. Confiad y pasad directamente a la cinta. Ya me contaréis si ha merecido la pena.

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