Marte (The Martian)

22 de octubre de 2015


El espacio vuelve a estar de moda. Y no deja de ser curioso: si bien hace algunos años nos bombardeaban continuamente con noticias sobre los avances espaciales, lo cierto es que ahora las novedades sobre el espacio nos llegan con cuentagotas y los descubrimientos, si bien relevantes, nos pasan más desapercibidos que antes. También, en parte, porque hemos perdido la capacidad de sorprendernos.

Siempre ha ocurrido así: la investigación espacial resulta bastante impopular debido al gran desembolso que supone, y es en tiempos de necesidad cuando más se cuestionan unos gastos que, para muchos, son superfluos. Sin embargo, y a pesar de ello, los estrenos de cine con temática espacial no dejan de aparecer con bastante regularidad, y llamando mucho la atención a su paso.

Es inevitable pensar en el género sin que se nos vengan a la mente los dos ejemplos más recientes y comentados: Gravity e Interstellar. Y precisamente por (culpa de) ellos, no me interesaba lo más mínimo ver esta película. Por muy espectaculares que fueran ambas desde el punto de vista visual, ninguna de ellas me gustó; la primera por aburrida, la segunda por incoherente.

Así que mis expectativas no estaban demasiado elevadas a la hora de sentarme a ver la última cinta protagonizada por Matt Damon. Y para colmo estaba el tema del título: no podían haber dejado (o traducido) un título tan significativo como “The Martian", no fuera a ser que los españolitos –que somos tontos- nos pensáramos que esto iba de extraterrestres. Mejor ponerle “Marte” y asunto solucionado.



Como podéis ver, mi actitud no era precisamente la idónea cuando me senté frente a la pantalla. Y, sin embargo, a Ridley Scott sólo le hicieron falta unos minutos para convencerme de que, esta vez sí, esa película del espacio merecía la pena.

No quiero adentrarme mucho en el argumento para no desvelar detalles importantes. Pero sí que me gustaría aclarar una cosa: a pesar de ser ciencia ficción, esta obra es mucho menos ficticia de lo que parece. La mayor parte del tiempo Marte sólo aparece como el escenario accidental de una historia que bien podría haberse desarrollado en otros escenarios muy diferentes. Y es que el argumento que encontramos aquí no es ninguna novedad: no deja de ser una historia de supervivencia; la exploración de la idea de que, solo frente a las adversidades, el hombre es capaz de agudizar su ingenio y adaptarse a cualquier situación, por dura que sea. No en vano, la descripción que más comúnmente se utilizó para la novela homónima en la que se basa la película (escrita por Andy Wier) fue aquella que la definía como “una mezcla entre Apollo 13 y Náufrago”. Y no me puede parecer más acertada.

A pesar de sus más de dos horas largas de duración, el ritmo de la película hace que no resulte aburrida en ningún momento. Y eso es gracias a la manera en la que se combinan las escenas en Marte con las escenas en la Tierra, y, por supuesto, a la gran interpretación de Damon, que carga sobre sus hombros un papel sacrificado, física y psicológicamente. Está claro que no quiso que le recordaran por su papel en Interstellar, e hizo todo lo posible por dejar un buen sabor de boca en lo que se refiere a su papel en el espacio.


The Martian, por supuesto, no es perfecta. Algunas soluciones “de andar por casa” chirrían, y a veces el espectador tiene que hacer un esfuerzo por creer según qué cosas. Pero al menos, ya que pretenden engañarnos, se agradece que no lo hagan cargados de ínfulas de grandeza. Salí del cine habiendo pasado un buen rato, y eso, aunque parezca muy obvio, no es tan fácil de lograr como en teoría debería serlo en el cine. 

De modo que, si tenéis la oportunidad, no dejéis de ver esta película: quizás como ciencia ficción no os aporte demasiado; puede que como relato humano tampoco sea lo más espectacular que habéis visto. Pero, en su globalidad, se puede disfrutar muchísimo. 

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