Shokugeki no Soma, explosión de sabores

12 de junio de 2015



De un tiempo a esta parte están muy en boga los programas de cocina, como Pesadilla en la cocina, Crónicas carnívoras, Masterchef y muchos otros. Sin embargo, yo a lo que me he enganchado ha sido a una serie de animación japonesa (basada en el correspondiente manga) de esta misma temática: Shokugeki no Soma.

La historia está protagonizada por Yukihira Soma (o Souma), un joven japonés que trabaja en el restaurante de su padre, un restaurante pequeño pero con una clientela  muy fiel y abundante. Su motivación es superar las habilidades culinarias de su padre, con el cual cada poco tiempo compite; y su sueño regentar el restaurante. Es tal la competitividad de ambos que quieren ganar tanto con sus mejores platos como con sus mayores fracasos.

Sin embargo, cuando parece que lo tiene todo para hacer su sueño realidad, su padre súbitamente decide irse a trabajar al extranjero a los mejores restaurantes de distintos países (includo España, fuck yea), cerrando el restaurante como consecuencia. El padre entonces alenta a Yukihira a estudiar en una escuela de cocina. Esta resulta ser una escuela de la más alta élite, cuyo examen de acceso consiste en pasar la prueba presentada por un examinador (¿En serio? Jamás lo hubiera imaginado).


La academia de cocina, además de la propia enseñanza, tiene un consejo de élite formado por los 10 mejores estudiantes, así como un sistema de retos culinarios. Si se produce algún conflicto o simplemente si alguien desea algo, debe retar a otro estudiante (o profesor) para conseguirlo. Eso sí, tiene que poner en juego algo por lo menos del mismo valor que aquello que desea conseguir, y el reto debe ser aceptado.

Cada capítulo promete elevadas dosis de risas, aderezadas con sugerentes curvas femeninas y platos culinarios igual de sugerentes, así como ganas o más bien necesidad de ver el capítulo siguiente. Es un castigo esto de que sea una serie en emisión y que haya que esperar una semana entera para el nuevo capítulo. Pero la espera merece la pena.

Los personajes son muy variados y divertidos en su mayoría, en parte gracias al contraste entre ellos, a pesar de que algunos estén un tanto estereotipados. Nuestro protagonista es un joven enérgico, soñador, valiente y decidido, además de ser muy bueno en la cocina. El padre es el típico maduro que sigue manteniendo su atractivo juvenil y su pasión por la profesión a la que se dedica, lo que no quita que se preocupe por el futuro de su hijo. También tenemos a la clásica chica tímida que no dice esta boca es mía, y que a pesar de ser buena cocinera, muchas veces los nervios no le dejan mostrar todo su potencial. Hay otros dos estudiantes con físico musculoso que no paran de discutir, llegando a las manos en sus discusiones. Otro estudiante con gafas al que le gustaría disfrutar de la soledad, pero cuyo cuarto el resto de compañeros han elegido como sala de reunión en contra de su voluntad. Y mi favorito, un estudiante que no tiene el mayor inconveniente en quedarse en cueros o con un taparrabos al más puro estilo japonés, que incluso cocina con delantal (únicamente delantal). Y la gama de profesores de la academia no se queda a la zaga.



Pero si hay que destacar a alguien además de a nuestro protagonista es a la que se podría considerar como su némesis: Nakiri Erina. La estudiante más joven en acceder a uno de los puestos del consejo de élite de estudiantes, considerada como la poseedora de La Lengua de Dios, que desde bebé ya tenía dotes de catadora experta (se dice que incluso evaluaba la leche de su madre). Encargada de examinar a Yukihira, enseguida se le mete entre ceja y ceja y le coge manía, y no tiene otra idea en mente que conseguir la expulsión de éste.

En la serie hay escenas graciosas e incluso épicas. Por ejemplo, una escena que tiene que ver con un monje budista y el padre de nuestro protagonista. Creo que en el capítulo dos. Las lágrimas me saltaron al ver la escena. Y qué decir de lo que ocurre cuando un personaje cata un plato. En ese momento aparece una imagen mental de la impresión que percibe en su paladar. Tanto los éxitos como los fracasos ofrecen imágenes de lo más hilarantes. Y en cuanto a las canciones del comienzo y del final, lo que mediante el uso de barbarismos conocemos como opening y ending, son agradables y entretenidas de escuchar y visionar. Sobre todo la canción de cierre, con la cual aprovecho para cerrar la publicación.

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