Historias mínimas

12 de abril de 2015


A más de 2.000 km al sur de Buenos Aires, en la Patagonia argentina, ocurren los tres relatos que conforman esta deliciosa cinta dirigida por Carlos Sorín. Historias mínimas es una película que contó con un presupuesto reducido, sólo dos actores profesionales, y una gran historia que contar.

Cuando Don Justo, un anciano que vive con su hijo y dueño de un bar de carretera, se entera de que su perro, que había perdido tres años antes, ha sido visto en la región de San Julián, a más de 300 km de donde se encuentra, no duda ni un momento: debe partir a buscarlo, debe encontrar a Malacara. Al mismo tiempo, Roberto, un comercial que se gana la vida viajando de una ciudad a otra para vender su mercancía, moverá cielo y tierra para llegar al cumpleaños del hijo de una clienta por la que siente un afecto especial. La última historia será la de María Flores, una joven con poco dinero que gana la posibilidad de participar en un concurso de televisión, para lo que tendrá que desplazarse también a San Julián, hasta los estudios de televisión.

En un entorno duro como la Patagonia, en el sur de Argentina, y en un ambiente sin ningún glamour, de pueblos pequeños y distancias enormes, donde el día a día se celebra, se desarrollan las tres historias; tres historias pequeñas, mínimas al lado de un mundo maximizado, donde todo debe ser bonito, deslumbrante; tres historias de ficción cargadas de realismo; tres vidas normales en un entorno muy alejado de la Argentina que conocemos de otras películas. Nada que ver con la gran Buenos Aires.

La película conmueve. Y lo hace desde la dureza del paisaje hasta la sensibilidad de los propios personajes. Don Justo sabe que su perro no se perdió, sino que se marchó, y espera que el animal sea capaz de disculparlo y volver. Roberto hará lo imposible por hacer llegar la tarta de cumpleaños a la fiesta del niño, con tal de agradar a la madre. María Flores sueña con conseguir la multiprocesadora, el premio mayor del concurso, a pesar de que no tiene electricidad en su casa.

Es una película de esas que le dejan a uno un gran sabor de boca. Una joya no lejos de los grandes renombrados Darín Y Alterio. Llama la atención que el actor principal, Antonio Benedictis en el papel de Don Julian, no sea actor profesional. Es más, era la primera vez que se ponía delante de una cámara, y lo hacía con la naturalidad que le daba no tener que actuar, sino simplemente ser él mismo.

No deberíais perderos esta gran película. Y por si alguien tiene dudas, la película ganó el Premio Especial del Jurado del Festival de Cine de San Sebastían, el Goya a la mejor película extranjera de habla hispana, además de varias nominaciones y otros premios.

¡Feliz sesión de cine!

Os dejo con el tráiler:

2 comentarios:

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