El Ministerio del Tiempo: el fenómeno español que tanto necesitábamos

10 de marzo de 2015


Sé que es muy fácil criticar a las series de televisión españolas. Los que amamos las series necesitamos pocas excusas para, cada vez que tenemos ocasión, enaltecer producciones de otros países – con EE.UU. a la cabeza – y afirmar lo pobres que parecen los productos nacionales a su lado. Y, sin embargo, hay que reconocer que el panorama está cambiando.

En un país en el que hace algunos años las series, para triunfar, tenían que ser necesariamente comedias al más puro estilo (Aída y Aquí no hay quien viva podrían ser dos claros ejemplos), los esfuerzos por lograr una ficción más profunda y trabajada han ido dando sus frutos en medio de muchos fracasos – no lo vamos a negar -. Series como Crematorio, Pulseras Rojas o Isabel han servido para demostrarnos que la televisión española puede darnos mucho. Y el último ejemplo viene de la mano de El Ministerio del Tiempo.


La serie, como su propio nombre indica, se centra en el funcionamiento de un Ministerio muy particular. Su existencia es un secreto para la mayoría de los ciudadanos, sus empleados son agentes encubiertos, y sus oficinas se encuentran camufladas en un edificio aparentemente abandonado en el centro de Madrid.

La función de este Ministerio es clara, pero nada sencilla: controlar el pasado, de manera que, en el caso de que se detecte alguna anomalía, se pueda corregir antes de que afecte a nuestro presente. Si habéis visto Fringe, el papel de los funcionarios del Ministerio recuerda un poco al de los Observers. 

Para llevar a cabo su cometido, el Ministerio cuenta con una serie de puertas que nos llevan a distintas épocas de la Historia de España (¿alguien ha dicho “Doctor Who”?). Y, hasta donde hemos podido ver, cada episodio se centrará en una etapa histórica diferente, a través de la cual conoceremos a personajes de lo más variopintos. 


Si nos detenemos en este punto, es sencillo ofrecer un motivo claro por el que ver esta serie: se aprende mucha historia, pero pasando un buen rato. Y no lo digo como cuando nuestro profesor de Historia nos recomendaba alguna película con la que, en teoría, se aprendía mucho y que luego resultaba ser un pestiño. Es entretenida de verdad. Tanto si te gusta la historia como si no. Además de ello – hasta el momento -, está muy bien documentada, con lo que, si aprendemos algo, lo aprendemos de verdad. Y, a menudo, con más de una carcajada de por medio.

Y es que otro de los puntos fuertes de la serie es, sin duda, su sentido del humor. Encontramos de todo: desde referencias nacionales (a partir de ahora, Luis Aragonés será considerado Grande de España), a guiños mucho más internacionales (como la clara referencia a Juego de Tronos que nos regalaron en el último episodio). No sólo eso: sabe dar collejas cuando toca (es impagable ver a Velázquez quejándose de la excesiva claridad de sus cuadros tras ser restaurados, como si fueran “una serie de televisión española” – aludiendo a la criticadísima adaptación de Alatriste). Y si hay una serie en la que podemos ver a Lope de Vega alucinando con los versos de Rosendo y su “Maneras de vivir”, sólo puede ser esta.

Pero, además, desde el punto de vista técnico, pocas faltas se le pueden poner: la ambientación está bien lograda, y los planos muy, muy cuidados. Tanto, que poco tiene que envidiar al cine nacional. 

Por supuesto, no es perfecta, y se le pueden poner pegas tanto a algunos pequeños agujeros de guión como a algún croma que habría quedado mejor siendo borrado que incluido. Pero, a pesar de ello, el resultado es más que admirable. 


Desde mi punto de vista, hay algo más que añade valor a esta serie y que, hasta donde sé, sí que es totalmente innovador en la ficción española: su vida tras el episodio. Y es que El Ministerio del Tiempo ha sabido crear un universo más allá de lo que vemos en la pantalla.

Cada episodio se complementa con la emisión de “Los archivos del Ministerio”, una especie de documental breve en el que se ahonda tanto en el momento histórico tratado en cada capítulo como en detalles interesantes del rodaje. Asimismo, cada martes a las 17:00 podemos asistir a la emisión online de “La puerta del tiempo”, un programa de entrevistas en el que los actores de la serie interactúan con los seguidores a través de las redes sociales.

Como consecuencia de todo esto, la respuesta de los fans está siendo excepcional: cada noche de emisión los Trending Topics de Twitter se llenan de figuras históricas, y los seguidores de la serie ya han adquirido su propio nick, autodenominándose “ministéricos”. 

Gran parte de la culpa de ello la tiene @MdT_TVE, la cuenta oficial de Twitter de la serie, que tiene unos community managers excepcionales, que no sólo se encargan de ella, sino también de su propio grupo de oposición, los @frikileaks, unos antiguos empleados del Ministerio dispuestos a hacer mucho ruido.

En resumen, como podéis comprobar, a pesar de que El Ministerio del Tiempo es muy joven, no sólo ha dado muestras suficientes para ganarse nuestra confianza, sino que “amenaza” con crecer y triunfar más aún en el futuro. Esperemos que las audiencias la acompañen. Yo, por si acaso, me uno a la campaña de apoyo en Twitter: #TVErenuevaMDT. Y ojalá que podamos seguir siendo “ministéricos” durante mucho tiempo.

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