Birdman

7 de marzo de 2015




Como espectadores, todos en mayor o menor medida, hemos sufrido en nuestras carnes el continuo goteo de títulos comerciales vacíos creados por la industria cinematográfica con el único propósito de hacer caja. En esta ocasión, el director Alejandro González Iñárritu (Amores perros, 21 gramos o Babel) nos muestra su particular punto de vista al respecto brindándonos la oportunidad de vivir el cine más real desde dentro, en primera persona, entendiendo la angustia de un actor venido a menos y el peso que un personaje atrapado en el pasado puede ejercer sobre su vida.
La cámara, utilizada como prolongación del propio espectador, nos introduce en los pasillos y camerinos de un teatro en pleno Broadway donde Riggan Thompson (Michael Keaton), antigua estrella por su papel de Birdman (un superhéroe trasnochado), apuesta todo lo que le queda al que cree ser su caballo ganador: una obra de teatro de Raymond Carver cuya representación en su niñez marcó su vocación profesional.


Ante unas primeras críticas desalentadoras en un accidentado preestreno, Riggan se ve obligado a contar con la participación de Mike Shiner (Edward Norton), un exitoso actor en la cresta de la ola tan mediático como excéntrico y ególatra. La aparición de éste último provocará que Riggan pierda tanto el control sobre la obra como de su propia hija Sam (Emma Stone), haciendo que su álter ego emplumado y menos pragmático entre en escena.
Destacan las interpretaciones de Edward Norton (dejará unas cuantas escenas para el recuerdo) y Michael Keaton, al cual parece le han preparado un papel hecho a su medida haciendo de sí mismo años después de ser Batman. Perfectamente acompañados por Emma Stone, Naomi Watts o Zach Galifianakis, dotan a la película de un nivel de interpretación espectacular.


En un comienzo frenético, se nos muestra lo que hay detrás de las escenas, la química (o no) entre actores y su lucha de egos, las frustraciones propias de la misma vida, y los condicionantes que hacen que la balanza caiga del lado del éxito o del fracaso.
Todo esto aderezado con un guión afilado y mordaz, un humor muy negro y trágico y esos interminables planos (trucados) que refuerzan el nivel interpretativo y dan realismo a esta incursión entre bambalinas reivindicando esta manera alternativa de concebir el séptimo arte.
Si bien es cierto que a ratos pierde el ritmo inicial y se diluye en un desarrollo algo más lento, en general estamos ante un más que notable título que nos permite adentrarnos en las vísceras de este mundo en el que los actores noche tras noche sobre el escenario se exponen a ser devorados o encumbrados por el triángulo formado por la fama, el público y las críticas.

La amarás, la odiarás, pero jamás te dejará indiferente.

¿Mi veredicto? Amor a primera vista...

Viva el cine! Viva el teatro! Viva Iñárritu!!

PD. Y aún así me sigue faltando Guillermo Arriaga al mando del guión, que por el bien del cine espero algún día vuelva a juntar caminos profesionales con Iñárritu.

2 comentarios:

  1. ¡Amén! De lo mejor que he visto en el cine últimamente.

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  2. Buenos días Joseba, gracias por participar con tu opinión. A mí también me parece de lo mejor/sorprendente que he visto últimamente. Me gusta hasta que la película tenga tantos defensores como detractores. Eso quiere decir que se habla de ella y no pasa desapercibida.
    Un saludo!

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