¿Alguna vez te has planteado recomendar películas a tu hijo?, ¿qué pasaría si no tuviera tus mismos gustos?, ¿recogerá el tribunal europeo de La Haya que se puede castigar a un hijo sin cenar si no le gusta Dragon Ball o caballeros del zodiaco?
Ante estas preguntas vamos a ir un poco más allá y vamos a contar la historia personal que nos ofrece David Gilmour, un crítico de cine canadiense, en su magnífico libro: “Cineclub”.
Ante las malas notas de su hijo Jesse a David Gilmour no se le ocurre otra cosa que permitirle dejar el instituto. "Podrás abandonar el instituto, no tienes que trabajar, no tienes que pagar alquiler, puedes dormir hasta las cinco todos los días y nada de drogas", y lo único que le exigió fue ver juntos tres películas a la semana, elegidas por el padre. "Es la única educación que vas a recibir", le dijo Gilmour, quien mantuvo esta estratagema durante tres años, entre los 16 y los 19 años de Jesse.