Sons of anarchy

18 de noviembre de 2014


Acabas de terminar una serie, has disfrutado del capítulo final con impaciencia por saber qué ocurre pero con pena porque sabes que será la despedida. Dejas unos segundos para dar el último adiós y se presenta el momento inevitable: Y ahora, ¿qué veo? En esta época de series que se van superando en elenco, presupuesto y calidad se hace muy complicado elegir el siguiente título que ocupará tu tiempo libre. Además, aunque desconfíes de la acalorada recomendación que anoche te dio tu colega mientras te salpicaba con la jarra de cerveza con tanto gesto entusiasta, te sigue quedando el aluvión de ideas que desde crónicas de valhalla te llega semana tras semana. Una cantidad de ofertas que hace que la elección por la siguiente apuesta se vuelva realmente difícil. 

Hace poco me vi obligada a enfrentarme a esta situación y decidí dejarme llevar por el consejo más reciente. En vez de continuar con alguno de los títulos que desde hacía tiempo tenía en mente, tiré los dados por Sons of Anarchy (hijos de la anarquía).


He de decir que mis expectativas no eran muy altas y que veía complicado de antemano que un grupo de moteros fuera capaz de ofrecer cancha para siete temporadas. No parecía ser más que la historia de andanzas de unos delincuentes luciendo cuero negro y mucha violencia para proteger sus actividades ilegales. Sin embargo, por otra parte, el hecho de saber que la serie tenía un final previsto y que seguía teniendo una estupenda acogida temporada tras temporada me animaba a verla.

Con esta perspectiva inicial los capítulos de la primera temporada pasaron, sin llegar a convencerme pero entreteniendo. Con personajes que no parecían del todo "hechos" y una trama ligeramente en pañales. Para mi gusto demasiados tópicos y pocas novedades (un taller mecánico como tapadera, agresividad entre bandas, mucho alcohol y fiestas desenfrenadas con féminas tetonas). Sin embargo, a medida que se acercaba el final de la temporada, los giros en las historias se iban volviendo mucho más interesantes y los capítulos se pasaban sorprendentemente rápido. Una temporada que acababa con un final poderoso y que dejaba a uno hambriento por la segunda.

Con la siguiente entrega el argumento no solo no perdía intensidad sino que la aumentaba, incrementando el número de tramas, repartiendo el protagonismo entre más personajes y volviéndolos más complejos. La fuerza no reside ya en los músculos sino en las decisiones a las que se enfrentan, la estrategia es mucho más importante y los golpes que más duelen no son los físicos. En conjunto un producto mucho más atractivo. Y de nuevo otra buena descarga de adrenalina con el final.

A día de hoy, cerca de acabar la tercera temporada una ya se siente como parte de la familia, con la intención de seguir devorando capítulos día tras día. Ahora se comprende que la última temporada haya conseguido ser el segundo programa televisivo de 2014 con más espectadores en EE.UU (solamente superado por The walking dead).

Por suerte aún me queda un buen festín de capítulos antes del adiós final. De postre ya llegará un post de despedida. Hasta entonces nada de spoilers, que no respondo. Y si eres del grupo de escépticos espero que reconsideres tu posición. Deja que el cuero te vista y ¡que rujan los motores!

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