My Mad Fat Diary: Sí, existe otro tipo de serie adolescente.

30 de noviembre de 2014


En general, tengo que decir que no me gustan nada las series adolescentes. O, al menos, lo que suelen representar: niñatos con pseudoproblemas de instituto, crisis emocionales causadas por motivos insignificantes, y situaciones inverosímiles en las que, eso sí, el dinero nunca es un inconveniente. Dicho esto, hoy vengo a hablar de una serie adolescente. 

¿El motivo? Bueno, en primer lugar, y como podréis imaginar, esta no es la típica serie adolescente. En segundo – y sí, esto puede que suene a postureo –, es una serie británica. Y ya sabemos que, a la hora de hacer series, los británicos saben cómo dar un toque muy especial.
My Mad Fat Diary es una serie autobiográfica basada en la novela “My Fat, Mad Teenage Diary”, escrita por Rae Earl, y ambientada en 1996. Rae, a sus 16 años, es una chica complicada. Y no me refiero únicamente a los problemas típicos de esa edad, con sus cambios de humor, sus inseguridades y demás. Me refiero a que, sumado a todo esto, la vida de Rae es mucho más difícil. 

Y es que cuando la conocemos, Rae acaba de salir de un hospital psiquiátrico, donde ha estado ingresada cuatro meses. En efecto, Rae sufre problemas mentales, y una tremenda falta de autoestima. La causa más directa parece ser su sobrepeso. Pero cuando vamos conociéndola más, nos vamos dando cuenta de que es mucho más compleja de lo que puede aparentar en un primer momento.

Junto a esto, Rae lucha por integrarse en un grupo de amigos, pero intentando que nadie descubra su reciente pasado en el psiquiátrico. De este modo, poco a poco, vamos descubriendo a un amplio abanico de personajes que distan mucho de la perfección que presentan otras series dirigidas al mismo público.


Por supuesto, no es una serie perfecta, y de vez en cuando uno no deja de darse cuenta de que, al final, hay ciertos tópicos que van necesariamente unidos a este género. Pero, a la vez, muestra momentos de muchísima madurez, que compensan del todo su visionado.

Además, y a pesar de la distancia social o de edad que pueda existir con el personaje, es inevitable identificarse con la protagonista en lo que respecta a ciertos problemas y sentimientos que, en el fondo, son universales. Estimados señores americanos: así sí se hace una serie adolescente. 

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