Kamikaze (2014)

20 de noviembre de 2014


Para una producción nacional no es fácil sobrevivir a la vorágine de estrenos extranjeros que cada fin de semana se dan cita en nuestras carteleras. Si además tiene la mala fortuna de coincidir en el espacio y el tiempo con una de las películas españolas más taquilleras de los últimos años, la posibilidad de que pase inadvertida aumenta exponencialmente.

Kamikaze ha sido una de esas películas. Una producción que pasó sin pena ni gloria por la taquilla y a la que sin embargo le sobran tablas y argumentos para posicionarse, incluso por delante de Ocho Apellidos Vascos, como una de las mejores cintas españolas del año.

Es una película que lo tiene todo y a la vez no tiene nada. Y ese "nada" es lo que la hace especial. Porque no deja de ser una comedia dramática que puede pecar de simple y previsible, pero que nos llega repleta de buenas intenciones, mensajes de esperanza y optimismo. Capaz de arrancar sonrisas y lágrimas a partes iguales. Una película que desprende armonía en cada escena; en cada conversación.

Comienza presentando al espectador a Slatan, un hombre de Karadjistan que lo ha perdido todo y que, movido por el dolor, inicia un camino sin retorno hacia el odio y la venganza. Sin embargo sus planes se tuercen cuando el vuelo en el que viaja de Moscú a Madrid es cancelado debido a una tormenta de nieve y todos los pasajeros son realojados en un hotel de montaña.


En el elenco de protagonistas nos encontramos con actores de la talla de Héctor Alterio, Verónica Echegui, Eduardo Blanco y la genial Carmen Machi. Todos tienen un papel destacable, aunque es de justicia hacer mención especial a las interpretaciones de Machi y Alterio -cuyo personaje parece que solo está para tratar de engrandecer determinados momentos- que sobresalen notablemente por encima del resto. Pero ojo porque no sólo de esas buenas interpretaciones vive la película; la factura técnica del conjunto es impecable.

Posiblemente el mayor acierto -y principal riesgo- de este primer largometraje de Alex Pina sea haber sido capaz de combinar una comedia con diálogos muy trabajados, rápidos y por momentos desternillantes, con los terribles dramas personales que se dan cita en la película. La mezcla funciona, y muy bien. El hecho de que todos los personajes aporten su parte de tragedia (maltrato, suicidio, terrorismo...) te acaba por sumergir en un estado en el que no tienes muy claro si lo que procede es reír o llorar.

En definitiva, una película que cuenta con elementos más que suficientes para entretener al gran público, hacernos creer en el cine español, y hacernos disfrutar, que aunque no todos lo consigan, de eso se trata.

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