Infierno Blanco (2011)

20 de agosto de 2014


Liam Neeson es uno de esos tipos que tiene gancho cinematográfico. Especialmente me está gustando en sus últimos papeles en pelis de acción. Después de Venganza (Taken, 2008) y su más flojita pero efectiva secuela, me cuesta creer que Sylvester Stallone no haya pensado en él para compartir pantalla con el elenco de tipos duros de Los Mercenarios 3 (The Expendables 3, 2014). En Infierno Blanco (The Grey, 2011) vuelve a estar a la altura.


La película narra la historia de un reducido grupo de supervivientes cuyo avión se estrella en mitad de la nada; o lo que es lo mismo, en un paraje ártico de las montañas de Alaska. Por si la propia odisea de tratar de sobrevivir en unas condiciones tan adversas no fuera suficiente, no tardan en aparecer los verdaderos protagonistas de la cinta: los lobos. Una manada de hambrientos y sanguinarios lobos grises. El argumento no es para nada original, pero siempre atrae la eterna lucha entre el ser humano y la naturaleza.

La atmósfera de tensión que se respira en todo momento, ya no sólo por el acecho continuo de los lobos sino también por el apocalíptico entorno ártico y el miedo que transmiten los protagonistas -que siempre es un aspecto complicado de lograr-, está muy bien conseguida.

Mención especial merecen las secuencias en las que no se ven directamente los lobos pero sí se escuchan sus aullidos. En este punto hay que decir que los efectos de sonido son geniales y hay que reconocer que da verdadero terror -especialmente si como yo no eres nada aficionado a las mascotas caninas-. Igual que la escena en la que sus brillantes y terroríficos ojos surgen en la oscuridad de la noche.


Por supuesto como toda película tiene sus defectos, y habrá quien la entienda como una infumable lucha de unos hombres contra unos lobos, pero cumple muy bien con su cometido de entretener -que es para lo que yo me siento a ver una película-. También bebe de algunos clichés, como el típico malote que no deja de dar problemas (que todo grupo de supervivientes ha de tener), o la triste historia que subyace en el protagonista tras la reciente muerte de su mujer.

Básicamente esos son los ingredientes principales de una trama que engancha al espectador desde el mismo accidente de avión, que dicho sea de paso es una secuencia sobrecogedora y terriblemente realista.

Y por si no ha quedado claro: me gustó mucho. Posiblemente por las muchas veces mentadas "expectativas". En esta ocasión no esperaba nada de esta película. Y casi todo lo que me encontré me gustó. Incluida la parte emocional y existencialista sobre la crueldad de la naturaleza y el afán de supervivencia del hombre. Esos flashbacks en los que aparece esa "cita" que todo guerrero como Nesson necesita en una situación así.

Por no hablar del FINAL (con mayúsculas).

No os la perdáis.

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