El Médico (2013)

28 de agosto de 2014


Encontrar una película que haga aflorar sentimientos no es tarea fácil. Es extremedamente complejo que un largometraje nos llene con el aroma de de una vieja historia, cree susurros propios de un cuento medieval, tiña de caricias nuestra visión. Pero aún más cuando además le pedimos que el rodaje va más allá, que nos hable de búsquedas de pasiones, de amores imposibles, de la relación entre religión y ciencia, de la convivencia y las diferencias entre las culturas musulmana, judía y cristiana  narraciones humanas.

El Médico (2013) es una de esas historias que consigue hacernos llegar todo lo anterior, es una obra maestra contemporánea capaz de conservar esa maravillosa capacidad de la novela histórica de entretener, de hablar de culturas diferentes, de conjugar la convivencia pasada, de hacerte sentir que estás en otro tiempo. 


Interpretado por Tom Payne, nos adentramos en la historia de Rob Cole, un tierno niño de nueve años que tras la muerte de su madre por una enfermedad, es tomado como aprendiz de un barbero (Stellan Skarsgard) solitario, duro y vividor que hace las veces de curandero y cirujano.  El pequeño motivado por aprender a curar la extraña enfermedad que se cobró la vida de su madre, se adentrará en un viaje para conocer las técnicas y los conocimientos de Ibn Sina (Ben Kingsley) sabio y erudito judío que imparte magistrales clases de medicina en una dorada Persia donde Musulmanes y Judíos  conviven.

Esta es la narración de una verdadera vocación, del despertar de la curiosidad y el interés por aprender más acerca del funcionamiento del cuerpo humano y de las técnicas de curación. Asistimos a una mágica conjugación del saber y la experiencia, con la ilusión y las ansias por aprender, a una relación maestro-alumno llena de sabiduría, de sueños, de vida, a una batalla contra la muerte, un intento de reconciliación con el pasado.


Entre las interpretaciones sobresalen dos por encima del resto. En primer lugar, el trabajo realizado por el actor Tom Payne durante todo el largometraje con un regalo de fuerza, ternura y entrega en su actuación, y en segundo lugar el registro exhibido por un Olivier Martinez que dando vida al sultán de Ispahán, condensa en su papel sensaciones tan diferentes como son el orgullo del poder, la cultura del exceso, la fragilidad ante la aparición de la enfermedad, el fanatismo. Por el contrario la nota negativa en este caso la pone Ben Kingsley, que aunque físicamente encarna a Ibn Sina de manera estupenda, no termina de dar todo lo que podría a través de su personaje.

La fotografía, la planificación del rodaje y la dirección artística, aunque un tanto teatral, es una de las grandes bazas de esta producción, en la que se conjuga mucho talento para dar a la cinta un acabado visual imponente. Especial mención merecen las escenas de la disección anatómica de un cadáver y las enfermedades que arrasaban en pocos días con toda una población. 

Para los más románticos, entre los que me incluyo, en esta cinta también encontraremos una historia de amor secreto e imposible entre el protagonista y una joven española (Emma Rigby) abocada a una boda pactada con un judío influyente de su comunidad. Como podéis ver.... a esta historia no le falta de nada, sólo unas palomitas y muchas ganas de disfrutar de una buena noche de cine.

Nos vemos en la próxima entrada, hasta entonces... ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡ SONRÍAN!!!!!!!!!!

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