El amargo adiós a un genio

12 de agosto de 2014


Robin Williams se ha ido. La noticia de su repentino fallecimiento copaba esta mañana las cabeceras de todos los portales de noticias digitales y el mundo del cine, y millones de espectadores que reímos con sus ya eternas y geniales comedias, lloramos ahora su muerte. Tenía 63 años, una hija llamada Zelda y algo de lo que adolecen la gran mayoría de actores de Hollywood: Magia.

No encontraréis aquí especulaciones sobre la causa de su muerte. Tampoco importa. En un día como hoy no hacen sino venirme a la cabeza todas y cada una de las brillantes interpretaciones de su interminable lista de películas. Películas que nos enseñan a amar el cine y nos invitan a soñar. Y por eso me he decidido a escribir estas líneas. Palabras a golpe de teclado que no buscan sino rendir un muy humilde homenaje al que probablemente sea uno de los actores más queridos de la historia del celuloide.


¿Cómo no recordarle disfrazo de la Señora Doubtfire (Mrs. Doubtfire, 1993)? ¿O en clásicos como Buenos días Vietnam, de científico loco en Flubber o incluso encarnando al mismísimo y ya crecidito Peter Pan en Hook (el capitán Garfio)? Tampoco soy capaz de contar el número de veces que vi Jumanji en mi niñez, ni los litros de lágrimas que pudieron recogerse mientras reía viéndolo interpretar al doctor ruso de Nueve meses.


O su no menos brillante faceta para el drama (que no sólo por sus comedias se ha hecho eterno). Qué decir que no se haya dicho ya de El club de los poetas muertos, verle convertido en adulto precipitadamente en Jack, ayudándonos a encontrar nuestra propia y perdida humanidad con El hombre bicentenario o incluso protagonizando un thriller a las órdenes de Christopher Nolan compartiendo pantalla con otro mito como Al Pacino en Insomnio.

Pero hay dos de sus películas que para bien o para mal me han marcado a lo largo de mis años de cine. Dos películas que se mueven al margen de modas, complejos y prejuicios. Dos películas que ocupan por derecho propio un puesto de honor en mi particular selección de imprescindibles: El indomable Will Hunting (Good Will Hunting, 1997) y Más allá de los sueños (What dreams may come, 1998).



He leído que nos ha dejado "La sonrisa más triste de Hollywood".
Con él se ha ido un pedacito de todos nosotros.
Descanse en paz.

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