La ley de Herodes

13 de mayo de 2014

El buen cine es capaz de situarnos en cualquier lugar y tiempo. "Nos colocamos en la burbuja" y nos dejamos llevar. Así, uno puede llegar sin inmutarse a sitios recónditos, de los que no se ofrecen en las agencias de viajes. Con ese espíritu uno puede embarcarse por ejemplo en La ley de Herodes. ¿Lugar de destino? México. ¿Momento en el tiempo? 1949.


Uno se encuentra de repente en la tierra de los mariachis y el tequila, en una aldea polvorienta sin electricidad y rodeada por desierto, el pueblo San Pedro de los Saguaros. Miras alrededor y te dispones a conocer la historia...


Todo comienza con una huida y un asesinato, el del codicioso alcalde del lugar que, muy listo él, pretende escaparse tras vaciar las arcas municipales, un caso que desgraciadamente no es el primero. Ahora bien, para comprender mejor el alcance, se ha de conocer la coyuntura política del momento. En ese año se vive en México el epicentro de un larguísimo período con el PRI al poder, el Partido Revolucionario Institucional que lleva 20 años venciendo en las urnas y que gracias a su control en solitario abusa y explota a la población sin contemplaciones, sin saciarse de poder y dinero. No extraña entonces que el perfil para el puesto vacante en la alcaldía, sea el de algún cateto, alguien fácil de manejar por las autoridades regionales. 

Así comienza esta sátira mexicana sobre la omnipotencia del PRI en la situación del país y la naturaleza de los políticos en el poder. Comedia que esconde tras su cáscara guasona, cercana al ridículo, una fuerte denuncia. Tanto es así, que inicialmente fue censurada por el gobierno que leyó temeroso un discurso incendiario en el guión y una posible respuesta en el pueblo. 

Para ello, la trama se vale de la evolución de Juan Vargas, el supuesto cateto designado para alcalde. Un militante del PRI que confía en el partido, en el presidente y su discurso, en llevar la modernidad y la justicia social a todos los rincones de México. Un alcalde en principio decidido a mejorar las condiciones de los habitantes que va cambiando a medida que conoce los entresijos del poder y se siente más tentado a la perversión


En definitiva, una película llamada a convertirse en un icono de la denuncia social política en México y una herramienta valiosa para hacer llegar el mensaje a un público más amplio gracias a su tono jocoso no por ello menos deprimente.

De esta forma ha pasado a ser otra de las que no solo entretienen sino que nos hacen descubrir un poquito más de la Historia. Porque es nuestro deber conocer en cierta medida lo que sucedió o sucede en distintos lugares, aumentar nuestra visión y ser críticos. Si además lo hacemos disfrutando o al menos con un toque artístico mejor que mejor. 

2 comentarios:

  1. Sí, esa es la triste realidad. Y la cuenta de manera tan tranquila y apegada a lo que es. Sobra decir que la realidad supera la ficción.

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  2. Puede sorprender la forma que tiene el director de contar los hechos, pero a mi modo de ver, es el arma que usa para abarcar un mayor rango de espectadores. Igualmente lo que se va sucediendo basta para dejar una sensación bien amarga. ¡Gracias por tu comentario McCloudken!

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