Her

11 de marzo de 2014

¿Puede una forma de inteligencia sin cuerpo, sin materia orgánica, llegar a ser un ente capaz de amar o ser amado? ¿Tiene sentido que alguien se enamore sin condiciones de una mente que no puede abrazar ni acariciar? ¿Cómo se reparte en una relación la importancia de la parte física y de la parte psíquica?

Con Her, Spike Jonze vuelve a escapar de lo convencional para sorprender, para curiosear dentro del concepto del amor y hacer añicos la limitaciones y las necesidades de la carne, del cuerpo.

Una relación entre un ser humano y un sistema artificial de inteligencia que resulta ser un experimento que ahonda y se percibe como demasiado real. Tan tierno y doloroso que uno necesita estrechar entre los brazos al hombre pero que desea aún más encontrar la forma de poder abrazar al ente artificial. A ese seductor código de programación que piensa (¿y siente?), que duda con la inseguridad de una persona y reflexiona para hacernos cuestionar hasta los pilares básicos socialmente más aceptados en una relación. Una fémina virtual que se retrata dulce y sorprendentemente delicada.

Así se nos presenta la historia de un sensible escritor dedicado a la escritura de cartas para terceras personas por encargo (ni siquiera la profesión iba a ser convencional), que se encuentra a punto de divorciarse y que tras el fracaso de su matrimonio se halla deprimido. Este momento de apatía es el que le lleva a conseguir un OS1, un sistema operativo presentado como "una entidad intuitiva que te escucha, te entiende y te conoce", lo último en tecnología.


Desde este punto de partida, se despliega un análisis del ser humano desde "el ojo/cámara" de esta forma virtual. Una serie de conversaciones y situaciones que van mostrando la evolución de esta singular relación entre Theodore (un Joaquin Phoenix espléndido) y la cautivadora Samantha (la voz de Scarlett Johansson).

Resulta además especialmente interesante el crecimiento de "ella", que progresa a una velocidad vertiginosa y hace tambalear todos los convencionalismos a su paso. Una acrobacia muy elegante que profundiza un poco más en las posibles consecuencias de una interacción futura entre "máquinas" y personas. En conclusión, una obra que fluye con determinación y deja poso. Altamente recomendable. 

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