Frozen, El Reino de Hielo (2013)

5 de marzo de 2014


Dicen que "No se puede vivir con miedo", que es imposible poder respirar, poder dormir, poder vivir cuando te acompaña el temor, el pánico. Dicen los que lo tienen cerca, que es como si te faltara el aire, como si tu cabeza se bloqueara, como si lo único que quisieras es empezar a correr y no para nunca, como si tu único deseo fuese el de huir, huir para siempre. También dicen, que el miedo siempre genera más miedo y a veces la única forma de salvarte es aislarse del mundo, de tus temores. 

Hoy quiero contaros la historia de un miedo, del miedo que genera un poder, un don, una responsabilidad, del mayor de todos los miedos, el de hacer daño a la gente que más quieres, a tu familia. Esta semana hablamos de una historia animada que me ha cautivado desde la primera de sus imágenes: Frozen, El Reino de Hielo.

   

Ganadora dos estatuillas en la reciente gala de los Óscars en las categorías de Mejor Película de Animación y Mejor Canción, Frozen nos cuenta la historia de dos hermanas, Ana y Elsa, herederas del montañoso y marítimo reino de Arendelle. Elsa, la primogénita y sucesora en el trono, además cuenta con el poder mágico de congelar todo aquello que toca, de poder lanzar rayos de hielo con sus manos. Ambas hermanas, alegres y juguetonas, no cesan de jugar con el poder de Elsa hasta que un día ocurre un terrible accidente en el cual Ana resulta herida y Elsa recluida en su habitación como medio preventivo hasta que aprenda a controlar y manejar su poder. Como consecuencia Elsa crecerá acomplejada y condicionada por el hielo que se desprende de sus manos, hielo que sólo podrá derretir el cariño más profundo que existe, el de una hermana.

Pero que nadie se confunda, no estamos ante la típica princesa enfurecida y prisionera con un poder que no domina, estamos ante la historia de una princesa acomplejada, insegura y condicionada por un poder y una responsabilidad que la superan. Esta no es la típica historia de princesas, aquí la "villana" es la dulce protagonista. Y si la parte femenina de la historia no es la convencional, los príncipes tampoco lo son, encontrándonos con el apuesto, caballeroso e ideal Hans y el rudo y aventurero Kristoff que lucharan por conquistar el amor de Ana.

Por si todo lo anterior fuese poco, Disney vuelve a hacer uso de la utilización de los personajes secundarios como alivio cómico. Personalmente me siento cautivada por  Olaf, un pequeño muñeco de nieve cuyo máximo anhelo son unas vacaciones en la playa y la piña colada, que nos regala las escenas más divertidas de la película. 


Pero si por algo destaca este largometraje es por su narrativa, su animación y por su elección musical. El acabo de la animación es simplemente excelente proporcionado al espectador asombrosos diseños de vestuarios y paisajes, capaces de contar, de reflejar la ira con grandes construciones puntiagudas o la tranquilidad con pequeñas montanas de nieve. Por si esto fuese poco, la elección de las voces de los personajes resultan muy acertadas consiguiendo dar a cada uno su papel dentro de la historia.

Además la integración de las canciones en la historia es inmejorable, profundizando en las motivaciones, avanzando a la par que los acontecimientos. La banda sonora es sencillamente preciosa, una auténtica mezcla de armonías para los sentidos, que hablan más que la propia película, que acompañan y transmiten a la vez, que describen y complementan, que son una parte más de los diálogos de los personajes.


Si Pixar y Ghibli han acaparado durante los últimos años la lucha en la batalla del mejor estudio de animación y Disney se había visto relegada a un segundo plano debido a sus últimas producciones, desde Crónicas de Valhalla podemos augurar que se sigue el camino que ha empezado con películas  como esta en poco tiempo retomara la popularidad y el reconocimiento de antaño. 

Preparad palomitas, esta es una película que no os podéis perder....

Nos vemos en la próxima entrada, hasta entonces... ¡¡¡¡¡ SONRÍAN!!!!!

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