Distopía: Apto para crimentales

28 de febrero de 2014


Una de las cosas que más me gusta de los libros, los cómics y las películas es su capacidad para transportarnos hacia un futuro radicalmente proyectado a partir de hábitos y comportamientos que existen en la actualidad, en concreto, aquéllos que llaman la atención sobre problemas del mundo real. Futuros aterradores, catastróficos, indeseables, caracterizados por la deshumanización, los gobiernos totalitarios, los desastres ambientales, la supremacía de los robots. Futuros situados en un contexto histórico, social, cultural, medioambiental, científico-tecnológico y político, protagonistas en muchos géneros de ficción, que dejan un sabor de boca agrio, la cabeza llena de interrogantes y unos ojos más a lo plato que nunca hacia la realidad cotidiana. Éstos son futuros opuestos a una utopía. Esto es distopía.

El término utopía fue utilizado por primera vez en la novela de Thomas More (1516) para describir una sociedad ficticia e ideal basada en nociones de igualdad, armonía social, prosperidad económica y estabilidad política. Aunque la novela estaba escrita en latín, utopía viene de la combinación de dos palabras griegas que significan "no hay lugar", pero la traducción de la palabra latina es "buen lugar". Tan sólo este jaleo etimológico ya da a entender que utopía implica ficticio e ideal.

La palabra distopía ha existido desde el siglo XIX, pero despegó como género de ficción en el siglo XX (sobretodo en ciencia ficción) y fue muy popular en los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial. Se podría decir que distopía es lo contrario a utopía para referirse a sociedades ficticias que son increíblemente imperfectas, carentes de la armonía e igualdad de las utopías. Sin embargo, no es exactamente su antónimo, no es anti-utopía (o utopía negativa); contiene los mismos elementos, pero son llevados radicalmente a los extremos, con gran énfasis en sus efectos negativos y satirizando el pensamiento utópico

La literatura distópica ofrece una vista alternativa a los modelos utópicos de la sociedad, casi siempre, con algún tipo de advertencia sobre problemas del contexto político y cultural, y de lo que sucederá si se continúa la tendencia actual. Por ejemplo, George Orwell escribió el libro 1984 en 1949, poco después de la Segunda Guerra Mundial y el surgimiento de los estados totalitarios en la derecha y la izquierda, como la Alemania nazi y la Unión Soviética de Stalin. En este contexto, no es de extrañar que Orwell representara a Gran Hermano y la Policía del Pensamiento como los elementos de un estado profundamente opresivo y empeñado en mantener el control absoluto sobre los individuos (incluyendo los pensamientos). Otros títulos tan conocidos como Un mundo feliz (1932), Rebelión en la granja (1945), Fahrenheit 451 (1953), El señor de las moscas (1954), Neuromante (1984)... o cómics como V de Vendetta (1982), Akira (1982), Battle Royale (1999), Ghost in the Shell (1989)... forman parte de la literatura distópica. 

Afortunadamente, muchos libros distópicos han sido llevados al cine con éxito como V de Vendetta, La Naranja Mecánica, Niños del hombre, Cloud Atlas, Blade Runner (aunque es muy diferente, está basada en el libro ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?), pero otras adaptaciones han sido... pésimas como 1984 (advertido estás). Además, como tenemos la suerte de disfrutar del trabajo de las creativas mentes del cine, muchas películas distópicas contienen historias originales como la trilogía de Matrix, 12 Monkeys, Moon, Dark City, Brazil o Metrópolis de Fritz Lang (post Top 10, ¿para cuándo?). Los hermanos Wachowski, Terry Gillian, Ridley Scott y Andrew Niccol son los directores que más elementos distópicos incluyen en sus films.

Lo más fascinante de todo: contrastar y contextualizar las historias distópicas en el periodo en que fueron elaboradas. Observarlas hoy, mañana, observarlas dentro de 10, 20, 50 años. ¿Qué ves?

1 comentario:

  1. Me gusta mucho tu escrito, ¿para cuando el post de películas distópicas?

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