Dates: ¿Amor? a primera cita

13 de diciembre de 2013


Esta es una historia de chico conoce a chica. Pero más vale que sepáis de entrada que no es una historia de amor.” Con estas sorprendentes y sinceras palabras comienza la maravillosa (500) Days of Summer, de la que ya nos habló, meses atrás, nuestro particular Sr. Rorschach. Como él bien decía, esta cinta atrae porque ofrece algo distinto; porque estamos cansados de “esas películas ñoñas que son siempre la misma maldita historia, contada de la misma maldita manera.

Y es que, por suerte o por desgracia, la vida no es como nos la cuentan en una película de Julia Roberts. Y, aunque lo sabemos de sobra, el cine (Hollywood, principalmente), se encarga de sacar continuamente productos similares que pueden gustarnos más o menos pero con los que apenas si podemos identificarnos: si no te gustan, te aburren; si te gustan, sólo te sirven para que pienses en lo miserable que puede ser tu vida en comparación con la de los protagonistas.


Por eso se agradece tanto que, de vez en cuando, aparezca algo que rompa con esos esquemas. Por eso este verano, cuando descubrimos Dates, nos encantó.

Dates formó parte de lo que Channel 4 denominó la “Mating Season”, en la que dedicaba parte de su programación a explorar la dificultad de las relaciones interpersonales en pleno siglo XXI. En esta época en la que declaramos nuestros sentimientos por Whatsapp, lloramos por Twitter, los caballeros andantes llevan chupas de cuero y las princesas minifalda, los amores eternos a primera vista y las grandes declaraciones coreografiadas ya no tienen hueco. Y el canal británico supo cómo estudiar esto a la perfección.

Dates, el plato fuerte del especial que comentábamos, se centra en las citas a ciegas concertadas a través de internet. Ya sabéis cómo va eso: entráis a formar parte de una red social en la que subís la mejor foto que os hayáis hecho en la vida (eso sí, que parezca casual), y comenzáis a venderos hasta que topáis con alguien que también tenga otra foto de perfil bastante distinta de la de su carnet, y con las mismas ganas de dar una buena impresión. Y que se sienta tan solo como tú.

Los nueve episodios de la primera temporada de Dates comienzan después de aquello: en el momento en el que tiene lugar la primera cita “presencial”. Todos empiezan in media res: bien en el restaurante, bien en la discoteca, bien en cualquier otro sitio en el que los protagonistas hayan decidido conocerse. Y eso es lo más grande que tiene: que no sabemos nada de ellos. Les vamos conociendo a la vez que sus acompañantes. Y, junto a ellos, vemos cómo, en unos veinte minutos, la primera impresión que traen construida de casa se desmorona, empezando a mostrar bajo ella sus debilidades. A convertirse en personas.

Porque es así: en una primera cita todo el mundo trata de ocultar sus puntos flacos. Al fin y al cabo, nos lo jugamos todo a una carta. De esa primera impresión depende que haya más oportunidades en el futuro. Y, episodio a episodio, vamos conociendo a personas imperfectas, con sus miedos y sus secretos, pero con las que, al contrario de lo que ocurre con las películas de amor, sí nos sentimos identificados. 

Cada episodio lleva por título el nombre de las dos personas que van a conocerse por primera vez. A excepción del último, siempre conoceremos a personajes nuevos, o a combinaciones distintas de las que ya hemos visto. Y en cada ocasión aprenderemos algo diferente.



¿Qué nos gusta de Dates? Por un lado, como ya hemos dicho, la imperfección de sus personajes, tan real como la vida misma. Nos gusta ver que esas citas que a priori funcionan a través de internet luego no tienen por qué salir bien en la realidad. Que la idea del amor a primera vista no existe; al menos no como quieren que nos la creamos. Y que hay muchas clases de amor.

Nos gustan sus diálogos, lo suficientemente inteligentes como para tenernos enganchados mientras dura el episodio, que se nos pasa en un suspiro. Nos encantan sus personajes (el que no quede prendado de Oona Chaplin en el primer episodio no es humano) y, sin embargo, sabiendo que en cada entrega veremos una relación distinta, estamos deseando conocerles más a fondo.

Nos gusta Dates porque no es la típica serie romántica en la que todo sale bien. Es mucho más. Mucho más imperfecta. Mucho más real.

Si lo que buscas es ver a gente descubriendo el amor verdadero, encontrando a su alma gemela y jurando promesas de amor eternas que parecen escritas por Bécquer, Dates no es lo que estás buscando. Pero si, por el contrario, te apetece ver que no eres el único al que no todo le sale bien, que hay más gente que se siente insegura a la hora de abrirse a los demás y que la televisión puede reflejar parte de lo que eres, échale un vistazo a Dates. No te arrepentirás.

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