Primavera, verano, otoño, invierno... y primavera

30 de junio de 2013

Primavera, verano, otoño, invierno... y primavera es una de esas películas que tienes que ver. Desde luego no te va a dejar indiferente, pero además vas a acabar pensando que has visto algo grande, muy grande, encerrado en algo muy pequeñito. Es un cuento con moraleja; casi un poema budista que nos empuja a la meditación sobre algunos de los aspectos más importantes de la existencia.

La vida de un monje aprendiz junto a su maestro, rodeados de un paraje idílico, estructura la historia dividida en cinco partes: la primavera, en la que el pequeño monje recibe las enseñanzas de su maestro; el verano, en el que el monje, ya adolescente, descubre el amor de una mujer; el otoño, en el que el protagonista se deja llevar por los instintos más bajos, abandonando todas las enseñanzas que conocía; el invierno, metáfora de el fin de muchas cosas, pero también preparación para un nuevo renacer; y por último la primavera, renacer clásico, donde se cierra el círculo de la vida y del aprendizaje. Si el invierno es la muerte, la primavera es la vuelta a la vida.

La película no es abundante en diálogos, más bien al contrario, se emplean los justos para seguir la historia, dejando que el espectador asimile la narración más a través de las imágenes y los gestos que de las palabras. Esta forma arriesgada de contar, que puede llevarnos al desastre, parece sin embargo acertada en esa historia. Sin duda, el caparazón exterior de la película, el maestro budista y su discípulo, encaja perfectamente con la manera de presentar la trama. El transcurrir del tiempo, brillantemente acompañado con el de las estaciones, también nos invita a este tipo de película de poco diálogo, aunque en ningún momento tengamos la sensación de necesitar más. La excelente fotografía acompaña siempre la historia de una vida que va más allá de la que vive el protagonista.

No apta para cualquier momento, es una de esas películas que hay que sentarse a ver con tranquilidad, dejándose llevar por las imágenes y por la historia y, como suele pasarnos cada vez que vemos una historia con ciertas referencias religiosas orientales o budistas, hay que verla tratando de que cada uno de los momentos nos envuelva y nos atrape, por si, con un poco de suerte, algunas de las enseñanzas del maestro cala en nosotros, que nunca viene mal.

La película cuenta con varios premios (entre otros el Premio del Público en el festival de San Sebastián, en 2003) y muy buena crítica. Una joya que cualquier amante del cine no debería perderse.

Año: 2003
Director: Kim Ki-duk

Enlaces de interés:

Primavera, verano, otoño, invierno... y primavera en IMDB.
Primavera, verano, otoño, invierno... y primavera en Filmaffiniti.
Web oficial.

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