Obligados

2 de enero de 2013

Por Navidad es habitual que ediciones especiales de libros de siempre vean la luz y tengamos la posibilidad de regalar historias en un formato adecuado para el momento.

Hace pocos días, un señor gordinflón procedente de una recóndita región nevada y, con renos como motor para su gigantesco trineo repleto de regalos para "todos los que nos portamos bien durante el pasado año", bien es cierto que dejándole una pistilla en la chimenea, dejó en un "gran calcetín" una de esas ediciones.

A modo de principiante en una cata de vinos que, primero visualiza la botella y su etiquetado, la coge entre sus manos, la descorcha, huele y cata, así es como en ocasiones disfruto de un buen libro; de este modo llegó a mi "Novelas", de Stefan Zweig.

Stefan Zweig (Austria, 28 de noviembre de 1881 - Petrépolis, Brasil, 22 de febrero de 1942) autor de novelas, relatos y biografías. Hijo de una acomodada familia judía, aunque siempre sostuvo que "mi madre y mi padre eran judíos por un accidente de nacimiento", consagrado autor en vida y en cierto modo, repudiado tras suicidarse, destaca por una brillante relación de obras. La solvencia económica de su familia le permitió viajar, adquiriendo consciencia de la tolerancia y por ello fue ante todo, intelectual antinacionalista y antibelicista. Junto con su esposa, y ante el temor de la expansión del nazismo por todo el orbe, deciden marchar a Brasil donde se suicidan desesperados ante el futuro de Europa y su cultura: "Creo que es mejor finalizar en un buen momento y de pie, una vida en la cual la labor intelectual significó el gozo más puro y la libertad personal, el bien más preciado sobre la Tierra". Su autobiografía "El mundo de ayer", con publicación póstuma hacia 1943, es un elogio a la cultura europea que consideraba para siempre perdida.


Entre las obras incluidas en "Novelas" se encuentra "La impaciencia del corazón". Fruto de la casualidad y, rebuscando entre las decenas de ejemplares adquiridos y aun no leídos en la estantería de casa, previo a la semana de vacaciones del pasado verano en Conil de la Frontera, digamos que me encontró "él" a mi y sin pensármelo, fue el único ejemplar, suelen ir varios conmigo, que introduje en la maleta junto con palas, cubos, rastrillos, toallitas, protectores solares de varias intensidades, sombrillas... y demás enseres de playa.

Inigualable narrador, con prosa refinada y asombroso conocimiento de las emociones humanas, nos muestra un drama de carácter universal a partir de un argumento sencillo: la promesa de un joven oficial a la hija minusválida, cuidada con celo por un sencillo médico, de un judío enriquecido. Es fundamentalmente un estudio de la culpabilidad donde distingue entre dos clases de piedad: "una, débil y sentimental, que en realidad sólo es impaciencia del corazón para liberarse lo antes posible de la penosa emoción ante una desgracia ajena, es una defensa instintiva del alma frente al dolor ajeno. Y la otra, la única que cuenta, es la compasión desprovista de lo sentimental, pero creativa, que sabe lo que quiere y está dispuesta a aguantar con paciencia y resignación hasta sus últimas fuerzas e incluso más allá".

Zweig es uno de esos escritores que deben ser considerados obligados en ser leídos..


Siempre vuestro, Pedro.

2 comentarios:

  1. Pues después de terminar con mi primera lectura del año "Neuromante" de William Gibson (al que prometo dedicar un post en el futuro) y después del buen sabor de boca que me dejó este post cuando lo leí, acabo de encargar en Amazon "El mundo de ayer: Memorias de un europeo (El Acantilado)". Inicialmente pensé en comprar "Novelas" pero se me iba de presupuesto (¡casi cincuenta eurazos!). A ver si cumple con las buenas expectativas :-)

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