Despedidas, 2008

1 de noviembre de 2012

En un día como hoy aprovecho para centrar la atención en una película nipona que aborda ese paso del que tanto se ha escrito y que tan ligado está a esta época del año: la muerte.

Entre brumas aparece una luz, la de los faros del coche que conduce el protagonista de este filme, Daigo. Un violonchelista que recibe la noticia de la disolución de su orquesta, ésa a la que tanto le había costado acceder. Tras este revés decide volver acompañado de su pareja a su pueblo natal donde ocupará la casa de su fallecida madre. Allí aflorarán recuerdos tanto alegres como sombríos, estos últimos en relación a su padre que los abandonó durante la infancia del protagonista.


Ahora bien, el eje de la trama de esta película de Yojiro Takita no será ese reencuentro con el pasado sino el nuevo empleo que efectuará en el pueblo, la celebración del nôkan: el amortajamiento.

Aunque al principio será receloso, sus habilidades como músico en cuanto a ritmo, delicadeza y destreza manual harán de la ceremonia un auténtico espectáculo que emocionará incluso a escépticos. Un honorable rito lleno de serenidad para despedir a los difuntos antes de su descanso final.

De esta forma tras su renuncia al violoncello, el que creía su sueño más anhelado, descubrirá una nueva vocación que le hará enfrentarse al rechazo por parte de la sociedad y que hará reflexionar sobre la postura ante la extinción de la vida, la negación o la aceptación.


Asimismo se incluyen ciertas notas de humor que a mi parecer ligan perfectamente y ofrecen esa antítesis dentro del tono grave de la trama, notas que facilitan la sensación de contraste como ocurre en el paso de la calidez de termas calientes a la gelidez de las frías en el hammam.

Los cuatro elementos se abrazan en esta película para la consecución de los matices: la bella música de fondo mediante el aire a través de las cuerdas del cello, el fuego que convierte en cenizas, el agua que se asocia a la limpieza más bien espiritual y la tierra en su forma de carta piedra, una metáfora material de los sentimientos.

En definitiva, una obra pausada para disfrutar en una tarde fría y tranquila como el pueblo de Daigo o como la propia muerte.

4 comentarios:

  1. Pues sí, muy buena peli que yo también recomiendo a todo el mundo, con el paso de la trama te vas metiendo más en la peli, riendo y sufriendo con el protagonista, sintiendo cerca de ti sus sentimientos, y con un final bien puesto.

    Además, también está bien desconectar de tanto Hollywood y ver obras de oriente, que no llegan aquí pero que hay alguna perla que hay que ver sí o sí.

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  2. La vi anoche. Tiene su ritmo, su pausa... como dice Mariano de tanto en tanto se agradece un soplo de aire fresco cinéfilo, de esos que se salen de los clásicos estereotipos a los que nos tiene acostumbrados el cine americano. Me ha encantado. Emociona y te hace reír a partes iguales :)

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  3. A mi esta pelicula se me iso lenta

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  4. Esta película todavía no la he visto, pero sí que he visto otras películas asíaticas que siguen también un ritmo pausado muy distinto a lo habitual en las pelis americanas, y la verdad es que tienen su aquel. Otra para mi lista de pendientes ;)

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