La pesca del salmon en Yemen

17 de octubre de 2012

Platero es pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera, que se diría todo de algodón, que no lleva huesos, así describía Juan Ramón Jiménez a su querido Platero, y probablemente sea una buena descripción para La pesca del salmón en Yemen. Es una película suave, dulce y a ratitos hasta ñoña; predecible y algo simplona, de esas que destilan amor y un sinfín de sentimientos en cada minuto de cinta... Y me gusta. Sí, me gusta. Y la he visto dos veces, ojo, como quien no quiere la cosa.

No pasará a la historia (no lo creo) por su trama, ni por una magnífica interpretación (que no está nada mal). Pero es una película que deja un poso agradable, tranquilizador. Que no todo va a ser metafísica o metaliteratura. Me gusta reivindicar este tipo de historias porque tienen, deben tenerlo al menos, un rinconcito en la mente de todos nosotros. Películas que puedes ver en cualquier momento, que te arrancan una sonrisa y, dependiendo de cómo tenga uno el día, el año, o la vida, hasta una lagrimita. ¿Y qué si es una historia de amor clásico contada en el mundo actual? ¿Qué más da que el título haga creer al espectador que va a ver un documental sobre pesca, en lugar de una comedia romántica de esas que enganchan hasta el final? Si una prostituta pudo enamorar a Richard Gere y pegarnos a todos al sofá, estos salmones remontando un río de mala muerte en mitad del desierto también lo lograrán, sin duda.

De la trama tampoco voy a desvelar demasiado, que luego el personal se enfada. Sólo diré que  la excentricidad de un millonario jeque amante de la pesca lleva a los dos protagonistas de la historia (Ewan McGregor y Emily Blunt) a emprender un alocado proyecto que consiste en poblar un río ubicado en el desierto Yemení (ahí es nada) con salmones (millares de ellos) y de paso, cosa poco probable, hacer que vivan allí como en su casa, es decir, conseguir que se reproduzcan, que remonten las aguas y que se dejen ser pescados (no nos pongamos naturalistas) por el jeque, que de paso pone el dinero, y por todo aquel a quien le apetezca echar la caña. De la historia de amor no os cuento nada, esa la veis vosotros mismos.

Los personajes son curiosos. Él, metódico como hombre de ciencia, nunca pudo estar más lejos de la felicidad, ni sentirse más perdido. Ella, exitosa mujer de negocios, calca con cierta exactitud una de esas clases medias trabajadoras, donde el éxito laboral acompañado de una relación sentimental lleva a la cima de la sociedad. Ambos encontrarán en el proyecto profesional que el Jeque (Amr Waked) les propone una salida a sus vidas que intuían grises (más él que ella), pero que creían suficientes.

No os dejéis engañar por el título (que se las trae). Estamos hablando de una comedia romántica, dirigida por Lasse Hallström, que ya nos había presentado historias parecidas (¿recordáis Chocolat?). Son 111 minutos de tranquilidad, de palomitas y refresco y de olvidarse de que ahí fuera “todo está fatal”... Ah, se me olvidaba, también son 111 minutos de fe, de apostar por la locura, de intentarlo, de errar y volver a intentarlo. Merece la pena.

3 comentarios:

  1. No me declaro muy fan de comedias románticas, pero tal y como has presentado ésta has conseguido animarme a verla. Al fin y al cabo todos tenemos nuestro corazoncito, ¿no?
    Cuando la vea te comento mis impresiones.
    Saludos

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  2. Yo tengo un problema (bueno realmente es todo lo contrario a un problema) y es que no hay película de Ewan McGregor que me desagrade. Tampoco soy muy fan de las películas romanticonas pero vi "Moulin Rouge" y me gustó, en parte por que este chacho aparecía, y ver "Chocolat" también lo consideré una buena inversión de tiempo...no si al final va a resultar que soy un blanducho...Haré como Soulie y me guiaré por tu gusto cinematográfico ;)

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  3. De puertas para fuera (con los amigos y eso) me gustan la sangre y los tiros, y si acaso el humor absurdo. Pero en la intimidad sí que me veo algún pastel de vez en cuando. Y los veo porque me gustan. Con este me has convencido pero de largo.

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