El gran año, un día terrible.

21 de octubre de 2012

Debo reconocer que una de mis debilidades es ver películas de miedo, y eso que la mayoría son malísimas. Argumentos clonados entre películas y recursos para "asustar" repetidos hasta la saciedad, como por ejemplo el que aparezca un fantasma reflejado en un espejo mientras el protagonista no mira.

Uno de los estereotipos más típicos es que alguien sufre un trauma, generalmente en su más tierna infancia, pero con el tiempo lo supera y olvida. Puede que se trate de ser testigo involuntario de un asesinato, o la visión de un fantasma o monstruo. El caso es que la película da un salto en el tiempo y el protagonista, ya adulto, vuelve a sufrir el tormento que vivió de niño recuperando viejos fantasmas (literal y/o figuradamente).

Pues mi intención no es hacer un post sobre películas de terror, no. Mi intención es contar una vivencia personal semejante a la que acabo de describir previamente. Todo ello en mis propias carnes. Sin embargo para diferenciarme un poco de la estructura de narración de las típicas películas de terror, voy a empezar contando primero el trauma más tardío, cuando "ya soy adulto" para que me entendáis (o no).

Estaba hará un par de semanas paseando por la calle. El sol acariciando mi piel. Una tarde agradable, en compañía igualmente agradable. Contando anécdotas y mirando escapartes, cuando de repente aparece de la nada. Mi corazón se acelera hasta casi salírseme del pecho. Me lo encontré cara a cara, apenas a un palmo de mi cara. Ante la fachada de un videoclub. Mi histeria dio paso a un estado de catatonia aguda. El cartel de una de las películas que mayor agonía me han causado por el mero hecho de visionarla estaba de nuevo ante mí.

Encerrado dentro de mi propia mente recuerdo el trágico momento en que se me ocurrió poner esa película en mi casa unas semanas antes para verla con mi padre. Si sois gente sensible mejor que abandonéis este post antes de que no haya vuelta atrás, ya que a continuación pondré una prueba visual de esa pesadilla.


Si alguno ha leído mi post sobre El Hombre Lobo, esta agonía está más o menos al mismo nivel, incluso peor me aventuro a decir.

No entiendo cómo una película con Jack Black (nunca me han gustado demasiado sus películas pero lo toleraba), Steve Martin (un clásico de la comedia) y Owen Wilson (lo tenía en muy alta estima hasta ese fatídico día) puede ser tan mala y carente de humor.

Creo que todo el "mérito" lo debe de tener el director, David Farrel, todo un mago de la dirección. Un mago que se disfrazó de hechicero oscuro para capturar almas por medio de esta película.

Así que ya sabéis, tened a mano una buena ristra de ajos y un crucifijo si sospecháis que esta película ronda por la programación televisiva o si pasáis cerca de un videoclub.

2 comentarios:

  1. A mi es que con el cine me pasa en ocasiones como con los chistes, me río mucho con los malos, y tras leer esto tengo ganas de verla aunque sólo sea por el mero placer de constatar tus palabras y echar unas risas. No en vano el género "Cine Mierder" es bastante común y uno tiene oportunidad de disfrutarlo en más ocasiones de las que seguramente el séptimo arte merece. Así de primeras me vienen a la cabeza grandes títulos como "Súper Maderos", "Abajo el amor" o la genial "La furia", también conocida como "La peli que rodaron Brian de Palma y Kirk Douglas antes de dejar las drogas". Saludos ;)

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  2. Demasiadas películas de ese género que denominas "Cine Mierder" he visto ya sin pretenderlo, incluyendo la de Súper Maderos como bien sabes. Pero creo que esta película ostenta merecidamente un lugar de honor en la élite del género. Pero bueno, si las pelis malas te hacen reír, con esta te va a dar un ataque de risa, ya lo verás.

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